La posibilidad de un nuevo planeta habitable en menos de veinte anos


Durante miles de años hemos mirado el cielo nocturno con una mezcla de asombro y soledad, preguntándonos si éramos una anomalía en el desierto helado de un cosmos vacío. Hoy esa sensación empieza a cambiar. No porque hayamos recibido señal alguna, sino porque la astronomía avanza a un ritmo inédito y ya nos permite estudiar mundos situados a años luz de distancia.
Buscar vida en el espacio no consiste en vigilar el cielo a la espera de naves, sino en analizar con telescopios gigantes el aire y los gases de planetas remotos. Xavier Barcons, astrónomo español y director del Observatorio Europeo Austral (ESO), explicó en una entrevista en el diario ABC que pronto contaremos con el ELT, el telescopio más grande del mundo. Al preguntarle si podrá hallar un planeta donde se pueda vivir, respondió: “Es posible, dentro de diez a veinte años. No estamos tan lejos”. La clave estará en la química de esas atmósferas, pues, según el propio Barcons, “podrían detectarse biomarcadores, lo que indicaría que hay o ha habido alguna clase de actividad biológica. Eso es apasionante”. No hablamos de ciencia ficción, sino de ingeniería.
Aun así, encontrar un planeta idéntico al nuestro no es tarea sencilla. El premio Nobel de Física Didier Queloz lo ilustra con un ejemplo cercano: “Nuestro sistema solar tiene dos planetas muy similares, Venus y la Tierra, pero Venus no es apto para la vida”. Su superficie es un auténtico infierno de calor. Por eso los científicos siguen intentando resolver la gran duda: ¿es la Tierra una excepción o el universo está lleno de vida?
Hay, además, otra pregunta incómoda. El astrónomo René Heller cree que estamos obsesionados con buscar planetas iguales al nuestro. “Por supuesto, la Tierra es especial para nosotros. Pero desde una perspectiva universal, ¿por qué debería ser la Tierra un referente?”, se plantea. De ahí nace la idea de los “mundos superhabitables”: planetas algo más grandes que la Tierra que giran alrededor de estrellas naranjas, un poco más frías que el Sol. La científica Iva Vilović cultivó en el laboratorio plantas bajo el tipo de luz que emiten esas estrellas, y crecieron incluso más rápido que con luz solar. Estos mundos podrían tener un clima muy estable, océanos poco profundos y miles de islas cubiertas de vegetación.


Durante milenios miramos el cielo con la sensación de estar solos en un desierto silencioso. Hoy ese silencio empieza a romperse, no con naves de película, sino con telescopios capaces de olfatear la atmósfera de mundos lejanísimos. Si Barcons tiene razón, en una o dos décadas podríamos encontrar un planeta habitable, y eso ya no suena tan lejos. Quizá, además, hemos buscado con una idea demasiado estrecha: la Tierra es especial para nosotros, pero no tiene por qué ser el mejor ejemplo. Los mundos superhabitables nos recuerdan que ahí fuera podría haber lugares incluso mejores que el nuestro. Ya no se trata de saber si estamos solos, sino de esperar el día en que la ciencia nos lo confirme. Y ese día cambiará para siempre la forma en que nos miramos en el universo.

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